Finlandia en verano y en familia – Curiosidades

Tenía muchas ganas de escribir esta entrada. Una lista de cosas que nos han parecido curiosas o llamativas en Finlandia. Empezamos:

  • Renos en las carreteras

Hemos visto muchos. Todos los días que hemos cogido el coche hemos visto algún reno en la carretera. En algunas zonas, hemos visto más renos que coches. Afortunadamente, hemos estado circulando de día y con buena visibilidad y hemos visto a los renos con tiempo suficiente para frenar. 

Algunos ni siquiera se apartaban cuando se acercaba el coche y una vez incluso, una cría se puso a mamar con su madre en mitad de nuestro carril. Estoy segura de que ellos piensan que los invasores somos nosotros.

Muchos llevaban collar. En alguna web he leído que es para tenerlos controlados (por GPS) y que solo le ponen collar a las hembras, porque a los machos se les hincha el cuello en la época de celo y no es buena idea que lleven algo apretándoles.

En el trayecto de Ruka a Rovaniemi contamos los renos que nos cruzamos: 18 animales.

Inevitable no acordarse de la carta esa del Erasmus en Finlandia…

Alces, sin embargo, no hemos visto ninguno.

Algunos de los renos que nos hemos encontrado en las carretera

 

  • Hormigueros gigantes

Ese montículo que se ve ve detrás de los niños es un hormiguero o nido de hormigas. Está hecho con agujas de pino y, si te acercas, ves que las hormigas rojas de la madera no paran de moverse por allí.

En uno de los paneles informativos que había en la ruta que hicimos en el Parque Oulanka, leímos que hasta hace relativamente poco, la gente compraba los hormigueros porque funcionaban muy bien como abono o fertilizante para el campo.

Hemos visto muchos, no solo en Oulanka. El de la foto, de hecho, estaba muy cerca de nuestra casa.

El hormiguero era casi igual de alto que los niños

 

  • Zumos de naranja y cola

La primera vez que lo compramos fue por error. Vimos la naranja pintada y pensamos que sería de naranja. Lo de “cola” nos tendría que haber dado una pista, jajaja.

Sí, es un zumo (o bebida tipo zumo) de naranja y cola. Y sabe a las dos cosas.

Al Ninja-científico le han gustado mucho y, de hecho, nos hemos traído unos pocos a casa.

 

  • Abejas o abejorros

De los que salen en los dibujos animados. Con pelito, de rayas amarillas y negras y redonditos y gordos. Había muchos en las zonas en las que había flores. Yo nunca los había visto así.

No puede ser más mono el bichito

  • Esculturas en Helsinki

Al lado de nuestro apartamento en Helsinki había un parque infantil con estas esculturas tan chulas. A mí me recordaron mucho a los roca-trolls de Hilda (si no conocéis la serie o los cómics, corred a leerlos, que son geniales).

 

Y camino del puerto, desde el taxi, vimos esta, que se parece mucho a una figura del juego Clash- Royale:

 

  • Pokémon Go

La primera vez que pasamos por delante del parque que había junto a nuestro apartamento (el de las esculturas de roca), vimos que estaba lleno de adultos sentados. Todos trasteando con los móviles. Los adolescentes rápidamente dijeron que estaban jugando a Pokémon Go y sacaron sus móviles para comprobarlo. Y así era, en el parque había un montón de Poképaradas (que podíamos coger desde nuestro apartamento, jeje) y alguna incursión o algún cebo en ese momento.

Nosotros usamos Pokémon Go sobre todo en los viajes, ya que es una forma de que al Ninja-científico se le haga menos pesado andar distancias largas. Con la cosa de que va entretenido cazando Pokémons, se da unas buenas caminatas.

En Finlandia hemos visto que hay muchos Pokémon, Poképaradas y Gimnasios por todas partes. Por ejemplo, en todas las rutas de senderismo que hemos hecho, en mitad de un bosque perdido, había un montón de bichitos para cazar. Aquí en España -al menos por donde nosotros nos movemos- los Pokémon y las Poképaradas suelen estar en zonas concurridas, mientras que en el campo o zonas poco transitadas no suele haber nada.

Además, se ve a mucha gente jugando.

Hemos cazado muchos Pokémon y muy chulos.

  • Zonas de barbacoa y leña en las rutas de senderismo

A nosotros, que venimos de un sitio donde el problema suele ser el calor, nos cuesta imaginarnos la vida con tanto frío como puede hacer en Finlandia en invierno.

Una de las cosas que nos ha llamado la atención es que en todas las rutas de senderismo que hemos hecho había zonas para hacer barbacoas y fuego, y también zonas con leña.

Además, siempre que hemos buscado información sobre las rutas (en los centros de visitantes o en los paneles informativos), destacaban el hecho de que había zonas para hacer fuego, lo que interpretamos con una señal de que se usan bastante.

En verano, con 15 grados y sol, como hemos estado nosotros, puedes hacer una ruta de cinco kilómetros del tirón, pero en invierno, a varios grados bajo cero, es posible que necesites parar para entrar en calor.

Una zona para hacer barbacoa o fuego

 

  • Duchas

No sé si ocurre lo mismo en toda Finlandia, pero en los tres sitios en los que nos hemos alojado, no había plato de ducha como tal, sino un sumidero en el suelo del baño. El sumidero funcionaba bien, pero obviamente, el suelo del baño se ponía chorreando.

En el apartamento de Helsinki, habían ido un paso más allá y habían colocado una bañera en el suelo, pero sin conectar el desagüe, con lo que el suelo del baño se mojaba igualmente… Sin comentarios.

La ducha de nuestra casa en Ruka

  • Silencio

Me pasó lo mismo en Estocolmo. Cuando llegamos a Helsinki, una de las cosas que más me chocó fue el silencio que había en la ciudad. Hay gente paseando por las calles, no es que estén vacías, pero apenas hay ruido.

Viniendo del bullicioso sur, el contraste es grande.

  • Restaurantes

La comida en los restaurantes es cara. No nivel Suiza, donde un plato no bajaba de los 20-25 euros, pero casi. El coste medio de un plato de los sitios en los que hemos estado era de 15-18 euros, por lo que la comida raramente bajaba de los 18-20 euros por persona.

No puedo decir mucho de la gastronomía finlandesa, porque hemos tirado bastante de italianos y de sitios normalitos para comer. Lo que hemos probado (salmón y salchichas de reno, básicamente), nos ha gustados.

Las bebidas tampoco son baratas. La cerveza, al precio habitual fuera de España, alrededor de 6 euros. Los refrescos caros también, tipo 4-5 euros.

A favor de los restaurantes en Finlandia hay que decir dos cosas: primero, en todos te ponen agua del grifo gratis y sin que la pidas; segundo, casi todos tienen platos para niños, que cuestan la mitad que los de adulto y no son la mitad de pequeños, por que salen genial de precio (y están muy bien de cantidad).

En Helsinki nos llamó la atención la gran cantidad de restaurantes nepalíes que había. Comimos en uno que nos encantó, con una relación calidad-precio excelente.

  • Precios en los supermercados

En general, todo es más caro en Finlandia. En algunas cosas, la diferencia de precio es notable, como, por ejemplo, en los refrescos. Una lata de refresco rondaba los dos euros en un supermercado. Una botella, los tres.

  • Gente que habla español

Nos hemos encontrado una cierta cantidad de gente que habla español.

En Helsinki, fuimos a comprar los billetes para el transporte público a una tienda en la que la dependienta había vivido muchos años en Benalmádena; en el pueblo de Papá Noel, los elfos se defendían bastante bien en español (Papá Noel solo sabía saludar); en Tallin, en la oficina de turismo, nos atendieron perfectamente en español. Incluso en Helsinki, esperando el autobús, unos chicos se acercaron a preguntarnos una cosa en español, para practicar 🙂

Además, la gente habla inglés muy bien, con mucha fluidez y muy buen acento. No hemos tenido, por tanto, ningún problema para comunicarnos.

  • Inmobiliarias que anuncian pisos en España

En Rovaniemi, pasamos por delante de una inmobiliaria que anunciaba pisos en la Costa del Sol y en la costa valenciana, además de cabañas en Laponia. Un contraste curioso.

  • Vino Don Simón

En Tallin, en una de la terminal de cruceros donde solo vendían bebidas alcohólicas, vimos vino Don Simón, de tetra brick. A unos cinco euros el cartón.

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Finlandia en verano y en familia – Dos días y medio en Helsinki

Para ir cerrando las entradas sobre el viaje a Finlandia, me queda contar lo que hicimos los días que estuvimos en Helsinki.

Helsinki me ha parecido una ciudad tranquila, sobria y muy silenciosa. Estocolmo me gustó más, creo que tiene más cosas para ver. Pero, en general, Helsinki me ha gustado. Tiene muchos edificios que parecen sacados de Gotham City, como la estación central, y tiene una luz muy bonita.

El primer día, llegamos al centro de Helsinki sobre las cinco y media de la tarde y cogíamos el tren para Rovaniemi a las once de la noche. Nos quedaba un ratito para dar un paseo por la ciudad. Dejamos las maletas en la consigna de la estación central. 6 euros la taquilla grande, nos cupo todo el equipaje que llevábamos (una maleta grande, dos maletas de cabina y alguna mochila).

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La taquilla. Además de la maleta grande, metimos dos maletas de cabina y alguna mochila.

Estuvimos caminando por la zona del parque Esplanadi hasta llegar a la plaza del Senado y la Catedral Luterana. Con esas escaleras tan imponentes, me pareció una plaza muy bonita.

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La catedral luterana.

Ahí quedamos con unos amigos de los P., medio finlandeses, que estaban por allí también y, con ellos, seguimos paseando. Llegamos hasta la catedral ortodoxa y nos asomamos a las piscinas Allas.

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Y la catedral ortodoxa.

Para cenar, fuimos a la pizzería La Famiglia. Sitio amplio y comida rica. 20 euros por persona, más o menos, pizza y bebida.

Cuando volvimos de Rovaniemi, el domingo, el tren llegó a primera hora de la mañana. Dejamos las maletas en la recepción del apartamento y nos fuimos a visitar la isla de Suomenlinna. Esta isla está a 15 minutos en barco desde la plaza del Mercado. Fue una fortaleza militar y está considerada Patrimonio de la Humanidad. Alberga varios museos y es un sitio muy agradable para pasear y echar el día.

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Una parte de una de las fortalezas de Suomenlinna. Y los niños pequeños trepando por ahí.

Estuvimos allí casi toda la mañana y volvimos para comer (a la hora española –tarde para los estándares finlandeses-) en la plaza del mercado. Allí hay varios puestos de comida. Todos tenían precios y platos similares. Plato de salmón a la plancha, verduras y patatas, 12 euros. Plato de salchichas de reno y otras carnes, 15 euros. Comimos por allí muy a gusto y bien. El tiempo  estaba estupendo y apetecía estar en la calle.

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Después, un crêpe de postre y, con calma, nos fuimos para el apartamento a descansar un poco.

Luego, sobre las siete y media, salimos a dar otra vuelta y a cenar. Fuimos a Vapiano, que es una cadena de restaurantes italianos que hay en bastantes países.  Tienen la peculiaridad de que funcionan un poco tipo autoservicio: hay varios mostradores según lo que quieras pedir. La comida estuvo muy rica, pero tardamos una eternidad en pedir. No exagero. Tardamos una hora en tener todos la comida. Era domingo y cerca de la hora de cierre (nueve de la noche), así que imagino que estarían un poco desbordados.

El último día en Helsinki compramos una tarjeta de transporte y fuimos al Arboretum. Pensábamos que sería algo tipo jardín botánico, más o menos organizado, pero resultó ser una zona de bosque en la que había varias rutas de senderismo y donde podías encontrar muchas especies de árboles. La zona era preciosa y dimos un paseo muy agradable por allí, pero no nos apetecía mucho hacer una ruta larga.

Aprovechando que teníamos la tarjeta de transporte, decidimos parar en el parque de atracciones Linnanmäki y que los niños se dieran una vuelta, que se han portado genial y se merecían alguna actividad especial.

El parque es chiquitito y bonito. La entrada es gratis, solo pagas las atracciones, y hay varias combinaciones de tickets para subir. Tiene varias montañas rusas grandes, originales y no aptas para poco atrevidos. Un ticket suelto para subir en una cosa costaba ¡nueve euros! Así que a los adolescentes le dijimos que podían subir en un par de atracciones como mucho.

Para los niños medianos, como el Ninja-Científico y J., no vimos muchas atracciones, la verdad.

El parque tiene una cosa positiva: hay nueve atracciones que son gratis. Son sobre todo para niños muy pequeños: un tiovivo, una noria chiquitita… El Ninja-Científico y J. se subieron en dos por aprovechar. Creo que puede estar bien para pasar un rato (gratis) con niños de hasta 5 o 6 años.

Del parque fuimos a la plaza del mercado, donde comimos. Repetimos el plato de salmón con verduras. Y de ahí fuimos a ver la iglesia de piedra. Cerraba a las cinco y llegamos apenas unos minutos antes, así que los mayores no entramos a verla, no merecía la pena pagar la entrada. Uno de los adolescentes, como entraba gratis, sí que pasó dentro.

Esa noche fuimos a cenar a un nepalí que había muy cerca de nuestro apartamento. ¡Qué bien cenamos! La comida estaba espectacular. Y genial de precio. El sitio es este. Muy recomendable. Cuando trajeron la comida nos lanzamos directos a por ella y no hicimos ni una foto, una pena.

Nos han quedado algunas cosas por ver de Helsinki, como la capilla del silencio o esta biblioteca, pero teniendo en cuenta que ya ha sido al final del viaje y el cansancio se notaba, no está tan mal. Además, siempre hay que dejar cosas pendientes, para volver, ¿no?

Ha sido un viaje muy bonito y sorprendente. Además, el ir con amigos, ha hecho que todo sea más divertido.

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Los niños pequeños en Helsinki.

Finlandia en verano y en familia – Un día en Tallin

Uno de los días que estuvimos en Helsinki fuimos a Tallin, en Estonia. Mereció mucho la pena.

Pero vamos poco a poco. Para ir, cogimos un barco de la compañía Tallink. Hay otras compañías que cubren la misma línea, pero los horarios de Tallink nos venían mejor. Los billetes los compramos directamente en su web, el día antes. Los billetes de los tres (2 adultos y 1 niño) nos costaron unos 85 euros. Encontramos algunas ofertas muy buenas en la web de Directferries, pero los comentarios que leímos no nos dejaron nada tranquilos y optamos por comprarlos directamente con la compañía.

Cogimos el barco de las 10.30 y la vuelta a las 19.30. El trayecto dura un par de horas.

La terminal de cruceros quedaba un poco lejos de nuestro hotel y la combinación en transporte público no era demasiado buena, así que optamos por ir en taxi. La ida fueron unos 15 euros y la vuelta, unos 20.

Yo pensaba que el barco iba a ser un ferry corriente. Y no. Era un crucero de, al menos, nueve cubiertas (muchas para coches). Era enorme. Tenía zona de restaurantes y bares con música en directo, tiendas, zona para sentarse, zonas al descubierto… Entre explorar un poco el barco y tomar un café, las dos horas de trayecto se nos pasaron en nada.

Desde la terminal de cruceros hasta el centro de Tallin fuimos andando, porque, entre otras cosas, había bastantes carteles indicando cómo llegar y el tiempo que se tardaba (unos 20 minutos).

Una vez en el centro histórico, lo primero que hicimos fue ir a la Oficina de Turismo. Nos atendieron muy amablemente y ¡en español! Nos marcaron una ruta para ver más o menos todas las atracciones principales y también nos recomendaron (porque se lo pedimos) un sitio para comer.

Me pareció una ciudad preciosa, de cuento. Algunas zonas me recordaron un poco a Praga.

El sitio en el que comimos se llamaba Pööbel. Estaba en la parte de fuera de las murallas del casco histórico y, por tanto, no era un sitio demasiado turístico. Comimos muy bien, en una terraza junto a un parque. La comida fue más barata que en Finlandia, más cercana a los precios de España.

Surtido de entrantes. Quesos, paté, lengua y carnes.

Después de comer, seguimos paseando por Tallin, aunque no tengo muchas fotos publicables 😦

Tomamos un café en MaiasMokk. Bien rico pero nada barato.

Y así de curioso era el escaparate de la cafetería, lleno de figuritas de mazapán:

Seguimos paseando hasta llegar al pasaje de Santa Catalina (¡qué bonito!) y la puerta Viru, donde conseguimos encontrar la espada que les había prometido al Ninja-científico y a J. Yo les había dicho que en Tallin les iba a regalar una espada (de juguete). Pensé que como era una ciudad medieval, las tiendas de recuerdos tendrían espadas, como en Toledo, por ejemplo… Pero no, sólo encontramos una tienda con espadas. Los recuerdos típicos de Tallin son las figuras de madera, las cosas de fieltro y de cuero. Todo muy bonito, la verdad.

Aquí los dos con su espada.

De ahí, volvimos andando con calma a la terminal de cruceros para regresar a Helsinki. Cenamos en el barco.

Las bebidas alcohólicas en el barco son mucho más baratas que en Helsinki, así que la gente suele comprar bastante. Gran parte del pasaje del barco salió con una o varias cajas de cerveza. Había gente que hasta llevaba un carrito de la compra. Habíamos leído que esto era así, pero no por ello dejó de sorprendernos.

Creo que fue una excursión muy bonita, pasamos un día muy bueno y nos gustó mucho Tallin. Como dice R., lo suyo sería haber hecho una visita guiada, para conocer y entender mejor la ciudad, pero lo tendríamos que haber planeado con más tiempo.

Conectar Minecraft para jugar en red (sólo con quien tú quieras)

Confieso que tardé bastante tiempo en entender en qué consiste Minecraft. No tiene un objetivo claro, los gráficos son como sacados de un Spectrum, la dinámica es muy abierta… Y sin embargo es todo un éxito. Seguro que hay muchas opiniones al respecto, pero probablemente la clave está precisamente en lo abierto que es. Tiene muchas posibilidades: jugar en modo creativo permite usarlo para generar mundos y mundos, construir y hasta experimentar. Y es muy asequible para jugadores de pocos años.

Otro de los atractivos es jugar en red, con otros jugadores. Lo habitual es conectarse a un servidor, en el que corre el mundo en el que se desarrolla la partida. El inconveniente es que en estos casos hay bastantes jugadores, y no tenemos control ni de quiénes son, ni de cómo se desarrolla la partida. De manera que para que el Ninja-científico pudiera jugar con su amigo J, al otro extremo de la ciudad, y sólo con él, había que buscar otra manera. Además, son muy celosos de sus construcciones y no se las enseñan a cualquiera 😊.

En la versión de Minecraft para PC, para poder jugar una partida conectado sólo con quien tú quieras, la alternativa más fácil es jugar en modo LAN. Se abre una partida (en realidad, un mundo) a los ordenadores conectados a la misma red local. O sea, a los que están conectados al mismo router. Es bastante fácil, pero al estar limitado a la red local, un ordenador de un amigo, digamos de la otra punta de la ciudad, no puede conectarse. Al menos no directamente.

Hay bastantes páginas que muestran soluciones para esto. La que a nosotros nos ha funcionado mejor es usar Hamachi.

Hamachi es un programa que permite crear redes virtuales. Facilita conectar directamente ordenadores que no están en la misma red local (o conectados al mismo router). Puede descargarse aquí. La instalación es sencilla, y hay que hacerla en todos los equipos que se quieran conectar. Una vez completada, hay que iniciar una red (requiere un registro previo, vale con un email). Al crear la red hay que darle un nombre, que debe ser único. El programa te ayuda avisándote de los nombres en uso. Con ese nombre, los demás ordenadores que van a participar en la partida deben unirse a la red.

Hamachi-crear-red
Hay que crear una nueva red en Hamachi.

El inconveniente es que hay que desactivar el Firewall. En Windows 10 es fácil: lo mejor es buscarlo en la ventana junto al botón de inicio. Si no, esa opción está en el Panel de Control. Ojo, no en los Ajustes de Windows 10, sino en el viejuno Panel de Control que puedes encontrar buceando por el menú de inicio (también vale buscarlo).

Una vez que todos los ordenadores están en la red virtual de Hamachi, el ordenador que ha creado la red deberá ser el que contiene el mundo que se comparte. Hay que entrar en Minecraft y empezar la partida, y en opciones, “Abrir en LAN”. Al hacer esto aparece en pantalla el puerto que se ha abierto (un número de cinco cifras). Luego hará falta para conectarse.

Minecraft - crear mundo nuevo

Minecraft - abrir en LAN
Una vez creado el mundo (o la partida), hay que entrar en las opciones y “abrirla en LAN”.

Para los demás ordenadores es un poco diferente: deben abrir Minecraft (que tiene que estar instalado en todos, claro), y elegir el modo multijugador. Ahí aparece una ventana en la que se puede escribir la dirección IP de la partida. Esta dirección se obtiene de la IP que aparece en Hamachi. En la ventana del programa, con el botón derecho se puede copiar la IP. A continuación de la IP hay que poner dos puntos y el número del puerto que apareció al abrir la partida en LAN.

Hamachi-ventana-principal-editado
En la ventana de Hamachi aparece la IP a la que hay que conectarse. Está sobre “desconectado” (aquí aparece borroso, claro).
Minecraft - multijugador conexión directa
Hay que elegir jugar en multijugador, y luego conexión directa.
Minecraft - multijugador escribir servidor
En la opción de conexión directa se pone la IP que hemos copiado de Hamachi.

Hamachi es gratuito, aunque está limitado a cinco ordenadores. Para hacer este tipo de conexiones es más que suficiente.

Y recordad volver a activar el Firewall al acabar de jugar.

Finlandia en verano y en familia – Catarata de Auttiköngäs y vuelta a Rovaniemi

Después de tres días en nuestra casa en Ruka, tocaba volver a Rovaniemi para coger el tren de vuelta a Helsinki. En el camino, paramos en Auttiköngäs, porque habíamos leído que había unas cataratas bastante chulas.

Apenas había que desviarse de la carretera, y las cataratas estaban justo al principio de una de las rutas de senderismo que había por allí.

Los paneles informativos decían que había una ruta de 3,5 kilómetros que era para familias y que pasaba por un puente colgante. Nos vinimos arriba y, un poco sin tenerlo planeado, nos lanzamos a hacer la ruta. Total, la del otro día de Oulanka fue más larga, en esta tardaremos poco, pensamos.

Error. El cansancio acumulado ya iba pesando y la ruta resultó más durilla de lo que parecía. La última parte, que además incluye una subida a una colina, se nos hizo larga a todos.

Pero bueno, conseguimos acabarla como campeones. A mí la ruta me gustó mucho, me pareció más espectacular y salvaje que la de Oulanka, y se veía que era menos turística.

Al acabar, nos comimos unos bocatas que llevábamos en una de las zonas de barbacoa. Y luego nos tomamos un café en una cafetería de cuento que había en la zona de aparcamiento.

Cuando llegamos a Rovaniemi, fuimos directos al museo Arktikum, que yo tenía ganas de verlo. Llegamos justo una hora antes de que cerraran, así que lo vimos bastante rápido.

El museo tiene una zona muy chula donde ponen una proyección de auroras boreales que ves semi-tumbado.

Me habría gustado poder ver con más calma el museo, porque tenía algunas cosas muy curiosas sobre la vida en el Ártico y sobre la vida de los lapones . Se queda pendiente para la próxima vez.

Del museo nos fuimos al supermercado y de ahí a la estación de tren. Dejamos los coches de alquiler y cenamos en la cafeteria de la estación. La comida estaba muy rica y bastante bien de precio, tipo 10-12 euros el plato. Sopa de salmón, salchichas de reno y nuggets de pollo caseros. Lo naranja es batata frita, estaba buenísima.

Y nada, con el tren de vuelta a Helsinki se acabaron nuestros magníficos días en Laponia. El único pero ha sido que no hemos podido ver auroras boreales. La primera aurora de la temporada fue justo tres días después de venirnos de allí.

Habrá que volver para ver auroras, jajajaja.

Finlandia en verano y en familia – Estación de esquí de Ruka

La estación de esquí de Ruka es una de las más conocidas de Finlandia. Como es normal, cuando más actividad tiene es en invierno, aunque también la promocionan bastante como destino de verano. Tiene un tobogán de esos en los que vas con una especie de trineo y, además, por toda la zona hay varias rutas de senderismo.

Nuestra idea inicial para el último día que estábamos por allí era haber repetido en el parque Oulanka y hacer alguna actividad chula con los niños, como canoas o paddle surf, pero la experiencia del día anterior con la carretera nos hizo desistir del plan. Estuvimos pensando ir al Parque Nacional de Riisitunturi, pero, en general, no nos terminamos de aclarar con los mapas de acceso a rutas de senderismo. Además, ese parque no tiene Centro de Visitantes, así que teníamos que ir a tiro fijo a una ruta, y no todas empezaban en el mismo sitio.

Total, que nuestro último día completo en Ruka decidimos tomárnoslo con calma y a media mañana subimos a la estación de esquí. Fuimos directos al punto de información turística. Allí nos explicaron cómo subir al tobogán de verano y las rutas que podíamos hacer por allí. También nos dijeron que en la zona en la que habíamos dejado el coche sólo podíamos aparcar durante una hora, que mejor lo lleváramos a otra zona, delante de una pizzería, que allí no había límite de tiempo.

El tobogán de verano y sus correspondientes renos

Después subimos en el único remonte que estaba abierto. La web hablaba de ‘scenery lift’ y ahí se nota mucho que no somos de nieve, porque todos nos habíamos imaginado que era algo tipo ascensor panorámico, no un remonte tipo telesilla. Quedamos como auténticos catetos, jajajaja.

En lo alto de la montaña. Se ve el telesilla y el comienzo del tobogán.

El remonte te subía a la cima de la montaña y, desde allí, salían varias rutas. Estuvimos un rato andando por allí, había unas vistas impresionantes. Hacía bastante frío.

Y luego podías bajar en el telesilla, tirándote por el tobogán o andando. Mis Ninjas me dijeron que ellos pasaban de tobogán y que bajaban otra vez en el remonte. El resto del grupo también se dividió. Más o menos la mitad bajamos por el tobogán y la otra mitad en el telesilla.

J. y Ninja-científico en mitad de una de las pistas de esquí. Estaban muy enfadados por algo y se plantaron ahí en mitad.

La bajada en el tobogán fue bastante chula. Yo bajé con J (7 años) en el mismo trineo. Tan preocupada iba por no embalarnos ni salirnos en alguna curva que nos pasó justo lo contrario, que un par de veces nos quedamos completamente parados en el tobogán, jajajaja.

Los que habían bajado en el telesilla venían diciendo que el viaje había sido muy chulo, y los niños querían repetir el trineo. Así que volvimos a subir y bajar un par de veces más. Vamos, demostrando una vez más que nunca nos habíamos subido en algo así.

Por cierto, los precios del remonte. Depende, porque había descuentos por grupo, pero vino a salir a unos 6 euros o así el viaje de ida y vuelta.

Luego fuimos a comer a la pizzería que había donde estaba el coche, Pizzeria Ruka. Unas pizzas buenísimas y a un precio bastante razonable para ser Finlandia (unos 15-18 euros por persona). Había pizzas para niños, un poco más pequeñas que las de adulto y a mitad de precio. Comimos muy muy bien.

Luego, pequeña compra en el supermercado y a casa, que estábamos cansados y la tarde se estaba poniendo un poco fea.

El resto de tarde lo pasamos en casa tranquilamente.

Finlandia en verano y en familia – Parque Nacional Oulanka

Todas las webs que miramos sobre cosas que hacer cerca de nuestra casa en mitad de ninguna parte decían que era imprescindible visitar el Parque Nacional Oulanka, así que allí nos dirigimos.

Entre otras cosas, Oulanka es muy famoso en Finlandia porque aquí está una ruta de senderismo muy conocida, la Karhunkierros o Ruta del Oso, de 82 kilómetros. También está por allí la Pequeña Ruta del Oso, de 12 kilómetros.

Nota al pie, ¿a que ahora entiendes por qué la marca de ropa Karhu tenía como símbolo un oso? A mí se me ha encendido la bombillita durante este viaje.

Al buscar información sobre el Parque, no nos quedaba muy claro cuál era la mejor opción para nosotros, porque hay muchas rutas y no todas empiezan en el mismo punto. Por eso decidimos ir directamente al Centro de Visitantes y que nos orientaran allí.

El Centro de Visitantes estaba a unos 30 minutos de nuestra casa. Cuando tomamos el desvío para el parque, vimos una señal que decía que los 13 kilómetros de carretera que nos quedaban por delante estaban en obras, y que no se podía circular a más de 30 km/h. Mira que en la web aparece un aviso en rojo bien grande, pero no lo vimos. O no lo relacionamos con la ruta que teníamos que coger. Lo cierto es que nos encontramos el tramo en obras sin esperarlo.

Ofú. Los primeros kilómetros más o menos bien, pero los tres o cuatro últimos… Justo iban a empezar a asfaltar y estaban llenos de grava suelta. En ningún momento estuvimos en peligro ni había nada que impidiera pasar, ya os digo, la carretera estaba abierta a la circulación, pero no fue un trayecto fácil.

Llegamos al Centro de Visitantes y lo primero que preguntamos fue si había otro camino de vuelta diferente, jajajaja. Nos dijeron que naranjas de la China, que había que volver por donde habíamos venido, que llevaban más de un año arreglando la carretera y que justo ahora iban a empezar a asfaltar y es verdad que estaba un poco más difícil.

Luego nos recomendaron hacer una ruta de cinco kilómetros, circular, la llamada Hiiden Hurmos, de 5 kilómetros.

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La ruta nos gustó muchísimo. Comenzaba pegada al río, por la zona de los rápidos, luego tiraba hacia el interior, llegaba a un lago precioso y volvía al río. No es una ruta especialmente difícil.

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La zona de los rápidos. Sorprendía el ruido que hacía el agua.

Aunque tenía algunas subidas un poco fuertecitas, el sendero es amplio y está muy cuidado. Todos la hicimos sin grandes dificultades. A ver, acabamos reventados, pero fue asequible para todos, incluso para los niños pequeños. Al final del recorrido empezó a llover un poco.

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Parque Oulanka.

En la zona del lago había una pasarela de madera, porque la zona era de aguas pantanosas. Vamos, que te hundías y te mojabas. Pero fue muy chulo.

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Aquí se ve la pasarela de madera.

Tardamos algo más de un par de horas en hacerla, con mucha calma y parando para mil quinientas fotos.

Volvimos al Centro de Visitantes a las dos y algo de la tarde. Habíamos comprobado antes que había cafetería y que servían comida hasta las tres de la tarde, así que fuimos directos a comer.

Tenían un menú de 10 euros que incluía sopa del día, ensalada y café. Nos tomamos una sopa de pollo deliciosa. Además, había salchichas de reno, que es lo que tomaron los niños. Una salchicha, tres euros, dos salchichas y patatas, nueve euros. Precios más que razonables. Me dice el Ninja-científico que os cuente que en esa cafetería se tomó un zumo riquísimo, aunque un poco raro: era de naranja y cola.

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La comida en el Centro de Visitantes. Sopa de pollo y ensalada y salchichas de reno.

A las tres y algo decidimos volver y subir a la estación de esquí de Ruka, a tirarnos por el tobogán de verano.

El camino de vuelta nos resultó menos pesado que el de ida. Fuimos con mucho cuidado, pero eso no evitó que se pinchara una rueda de uno de los coches, el de los H.

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Así estaba la carretera. Un montón de piedras sueltas.

Pinchazo en mitad de una carretera entre Laponia y Ostrobotnia del Norte. Al menos fue en la carretera principal, justo al dejar la zona de obras. Llamamos a la empresa de alquiler y nos dijeron que le pusiéramos un líquido repara-pinchazos a la rueda (estaba en el maletero) y que lo lleváramos a algún taller a Kuusamo. Problema: los talleres cerraban a las cinco, eran ya las cuatro y media y estábamos a media hora de Kuusamo.

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Decidimos que los del coche accidentado tirarían para Kuusamo a buscar un taller y que los demás nos iríamos a la casa, con todos los niños, y luego el Ninja-Ingeniero y S. irían a Kuusamo a recoger a los H.

Mientras tanto, los H. localizaron el concesionario de Volkswagen en Kuusamo, desde donde los mandaron a otro taller en el que fueron súper amables y les cambiaron la rueda en un momento, a pesar de que ya había pasado su hora de cierre. Y además, los mismos del taller se encargaron de todas las gestiones con el seguro de la empresa de alquiler de coches.

Así que, a pesar del incidente (o la aventura), acabamos contentos porque todo se solucionó rápido y muy bien.

Eso sí, nuestro plan de ir a la estación de Ruka tuvo que quedarse aplazado. Pasamos el resto de tarde en casa tranquilamente. Lo del tobogán yo creo que de todos modos se nos habría fastidiado, porque justo cayó un chaparrón cuando estábamos pasando por la zona de la estación de esquí.

Finlandia en verano y en familia – Visita a las minas de amatista de Lampivaara y llegada a Ruka

Tras Rovaniemi, el plan de viaje continuaba con un alojamiento en la zona de Ruka-Kuusamo, en la parte oriental de Finlandia, ya casi pegando con Rusia. En esa zona está la estación de esquí de Ruka y hay varios parques naturales, así que nos pareció un buen sitio para pasar unos días. Está un poco por debajo de la línea del Círculo Polar Ártico y tampoco está en la región de Laponia, sino en Ostrobotnia del Norte.

Esta es la casa que alquilamos, la cabaña Hilla. Muy bonita, cómoda y acogedora. Y con un ventanal enorme en el salón con unas vistas impresionantes.

De Rovaniemi a Ruka son unas dos horas y media de coche.

Antes de ir a nuestra casa perdida, decidimos subir un poco más al norte de Rovaniemi y visitar las minas de amatista de Lampivaara, en el parque nacional de Pyhä-Luosto.

La carretera hacia el norte tenía este aspecto:

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Cero coches y algunos renos.

Unos días antes, escribimos preguntando si era necesario reservar, puesto que éramos un grupo de 11 (y acostumbrados a la cantidad de gente que hay en Málaga en el mes de agosto). Nos contestaron muy amablemente que no era necesario, que compráramos las entradas cuando llegáramos y nos indicaron también cómo llegar y dónde aparcar.

Como dicen en su web, y como nos explicaron por correo, hay que dejar el coche en la zona de aparcamiento de Ukkoluosto. Desde ahí, hay un sendero de 2,5 kilómetros hasta los pies de la colina Lampivaara, donde hay una cafetería y se compran las entradas.

Con Google Maps no tuvimos ningún problema para llegar a la zona de aparcamiento.

El sendero era muy amplio, con alguna subida y bajada, pero fácil y asequible. Me llamó la atención que había farolas en todo el recorrido. Imagino que será para el invierno. Igual que las barras para marcar la altura de la nieve. No veas.

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El sendero que lleva a la mina. ¡Con farolas!

Tardamos como una hora, a ritmo tranquilo, en llegar a la cafetería. Compramos las entradas (19 euros los adultos, 10 los niños hasta 12 años) y subimos a la montaña donde está la mina. La subida es a través de una pasarela con escaleras. Amplia y cómoda, pero hay que reconocer que cansa un poco.

Una vez arriba, ¡vaya vistas chulas!

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El tejado negro es la zona de acceso a la mina.

La visita empezó con una pequeña charla sobre la mina. Nos dieron una bebida de arándanos y nos contaron que es la única mina de amatista en el Círculo Polar Ártico y además dentro de un Parque Nacional. Es una mina a cielo abierto. No recuerdo si nos dijeron que era la única a cielo abierto en Europa. La mina está en explotación, se extrae amatista sobre todo durante el verano, y se comercializa en forma de joyas o directamente como piedras.

Tras la charla, bajamos a la zona de extracción. Nos dieron un pico y un colador a cada uno y nos explicaron como buscar amatistas. Suelen estar enterradas entre la arena. Había que escarbar un poco y sacar las piedras. Las que creías que podían ser amatista, las ponías en el colador y luego las lavabas y veías lo que habías cogido. Muchas veces se confundían con cuarzo blanco y otras veces te encontrabas las amatistas a simple vista en el suelo.

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El terreno estaba bastante escarpado y las piedras estaban sueltas y eran bastante afiladas, así que no era muy fácil moverse por allí. El trabajo de minero es bien duro.

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De todas las amatistas que encuentras, te puedes llevar gratis una, que debe caberte en la mano. Si te quieres llevar más, puedes negociar un precio. Al Ninja-ingeniero y a mí se nos dio peor que al Ninja-científico, que encontró una amatista preciosa y bien grande.

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La amatista del Ninja-científico

En total, la visita dura alrededor de una hora.

Cuando acabamos, nos comimos unos bocatas que traíamos preparados en la zona de barbacoa que había junto a la cafetería y emprendimos el regreso al coche.

Fue una experiencia curiosa. A mí me gustó y me pareció interesante para los niños. Admito que fue más cansada de lo esperado.

Como podéis ver por la ropa que llevamos, hacia bastante fresco. El polar y el cortavientos no sobraban.

De ahí, nos fuimos para nuestra cabaña perdida, aunque hicimos antes una parada en un supermercado en el pueblo de Kemijärvi, para comprar provisiones para la cena y los desayunos.

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La casa estaba genial, ya lo he dicho antes. Y con estas vistas por la parte de atrás:

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