Zurich y Lucerna en familia – Primera parte

Casi casi acabamos de aterrizar después de haber pasado este puente en Zurich y Lucerna. El Ninja-ingeniero se fue a principios de la semana por trabajo, y el jueves el Ninja-científico y yo nos fuimos para allá a pasar un fin de semana largo.

Como siempre, empezamos con la organización del viaje:

  • Vuelos: directo con Swiss Air, Málaga-Zurich. Te dan un pequeño snack a bordo, que se agradece mucho. Como volaba yo sola con el Ninja-científico, opté por facturar la maleta, para ir más tranquila y cómoda.
  • Traslado aeropuerto-Zurich: en tren. Compras los billetes en las máquinas que hay en el aeropuerto. 6,40 CHF el billete de adulto y la mitad el de niño. Tarda apenas unos 10-15 minutos, pasa con mucha frecuencia, y los trenes son cómodos, puntuales y no están atestados. Por poner un par de pegas, el menú de las máquinas para comprar los billetes podría mejorar bastante la usabilidad, y el hecho de que haya varios trenes que cubran el trayecto, hace que tengas que fijarte bien en los paneles informativos, para comprobar las paradas de cada tren y el andén correspondiente.
  • Hotel: nos quedamos en este. Bien situado, habitación amplia y precio razonable para ser Zurich.

Hablando de precios. Suiza es cara. Muy cara. Algunas cosas tienen unos precios desorbitados, rayando lo ridículo. Por ejemplo, comer en la calle: el precio medio de un plato principal son 25-30 CHF. Un kebab, 10 CHF. Un imán de recuerdo, 8-10 CHF -esto, en concreto, a mí me ha matado-. En otras cosas, no obstante, la diferencia no es tan espectacular. Por ejemplo, una cerveza 5-6 CHF (un refresco, 5).

Bueno, tras esta introducción, pasamos a contar nuestros plan.

El jueves, entre unas cosas y otras, llegamos al hotel casi a las cinco de la tarde, y ya empezaba a anochecer y a hacer fresquito. Un pequeño paseo por el centro y a buscar algo para cenar. Había mucha gente en los restaurantes. Después de dar varias vueltas, acabamos cenando en un restaurante asiático muy rico, en Niederdofstrasse, frente al hotel. La comida estaba deliciosa (arroz tres delicias para el Ninja-científico, arroz con pollo y salsa satay para mí, y una sopa con noodles, carne y un montón de cosas para el Ninja-ingeniero) y los platos eran grandotes. 75 CHF la cena de los tres (tres platos y tres bebidas).

Como había sido un día largo, nos fuimos al hotel pronto, a descansar y prepararnos para el día siguiente, que iríamos a Lucerna.

Lucerna

Pues sí, el viernes nos fuimos a Lucerna, que los Abuelos nos habían dicho que merecía mucho la pena, que era preciosa.

Para ir de Zurich a Lucerna, hay trenes más o menos cada media hora y tardan unos 50 minutos en llegar. Nosotros cogimos uno a eso de las 9.30 y nos costó 52 CHF por persona, ida y vuelta, y la mitad el billete del niño. Ya digo que en Suiza nada es barato… Habíamos visto en Internet que estaba la posibilidad de coger billetes mucho más baratos, online y por adelantado, con la opción Super Saver, pero así solo podíamos sacar los billetes de ida, para una hora determinada, y no teníamos muy claro cuánto nos iba a salir el de vuelta, de modo que al final compramos el billete por la mañana en la estación.

Desde el camino, vimos paisajes tan bonitos como este:

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¡Qué paisajes más espectaculares!

Llegamos a Lucerna sobre las 10.30 y nos fuimos directos a la Oficina de Turismo. Queríamos subir al monte Pilatus y no teníamos muy claro cómo hacerlo. Un chasco, porque en la Oficina de Turismo, la señora que nos atendió (muy amable) nos dijo que la cima estaba cubierta por nubes, que íbamos a subir y no íbamos a ver mucho, que nos recomendaba dar un paseo por la ciudad mientras esperábamos a ver si el día abría un poco. La subida, en tren hasta un pueblecito cercano y luego en tren cremallera, cuesta 72 CHF por persona (la mitad los niños) y se tarda algo menos de una hora.

Total, que le hicimos caso a la señora y nos fuimos a visitar la ciudad.

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El Pilatus, al fondo, cubierto de nubes.

Los Abuelos tenían razón, Lucerna es preciosa. Las fotos están hechas con el móvil y en un día un poco oscuro, así que no se aprecia lo bonita que es, de verdad.

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Es chiquita y se visita muy bien a pie. Hay turistas, pero muy tolerable (fijaros que es posible hacer fotos sin que salga gente), todo está muy cuidado. En definitiva, que es una ciudad de lo más agradable.

A eso de las doce de la mañana, viendo que el día no terminaba de abrir, decidimos descartar la idea de subir a alguna montaña. En la Oficina de Turismo nos habían dicho que en el monte Rigi el día sí estaba despejado, pero se tardaba algo más de una hora en llegar y pensamos que íbamos a ir justos de tiempo (teniendo en cuenta que a las cinco de la tarde empieza a anochecer).

Seguimos paseando y le compramos al Ninja-científico un reloj Flik-Flak. Se lo podíamos haber comprado en España, es verdad, pero oye, eso de que su primer reloj haya sido comprado en Suiza, tiene glamour, ¿no? ¡Más contento que está con él!

De ahí, nos fuimos a comer a esta pizzería. Comida riquísima y carísima, como siempre. Y muy abundante.

 

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Calzone tamaño «boa comiéndose un elefante»

Después de comer, optamos por visitar el Jardín de los Glaciares. 15 CHF la entrada de adulto y, como viene siendo habitual, la mitad la entrada infantil. Es un sitio un tanto peculiar que está junto al león de Lucerna. Es una casa tradicional Suiza, en la que descubrieron los restos de un glaciar de hace unos 20.000 años. Nos pareció que podía gustarle al Ninja-científico. Es un sitio muy curioso, con un batiburrillo de cosas. Hay información sobre la época glaciar, fósiles, cosas de la vida tradicional suiza y… un laberinto de espejos del siglo XIX inspirado en La Alhambra:

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El laberinto de espejos es una horterada, lo sabemos, pero nos reímos un rato y nos lo pasamos estupendamente.

También hay una torre de madera desde la que hay unas vistas preciosas de la ciudad:

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El Pilatus a media tarde. Las nubes no terminaron de levantar.

Después de eso, otro pequeño paseo por el centro de la ciudad y a coger el tren para Zurich.

Como llegamos cansados, compramos algunas cosas para picotear en un supermercado y el Ninja-ingeniero se acercó al asiático de la noche anterior a por una sopa wun-tun para completar nuestra cena en la habitación del hotel.

¡Un día de lo más agradable!

 

 

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