Finlandia en verano y en familia – Un día en Tallin

Uno de los días que estuvimos en Helsinki fuimos a Tallin, en Estonia. Mereció mucho la pena.

Pero vamos poco a poco. Para ir, cogimos un barco de la compañía Tallink. Hay otras compañías que cubren la misma línea, pero los horarios de Tallink nos venían mejor. Los billetes los compramos directamente en su web, el día antes. Los billetes de los tres (2 adultos y 1 niño) nos costaron unos 85 euros. Encontramos algunas ofertas muy buenas en la web de Directferries, pero los comentarios que leímos no nos dejaron nada tranquilos y optamos por comprarlos directamente con la compañía.

Cogimos el barco de las 10.30 y la vuelta a las 19.30. El trayecto dura un par de horas.

La terminal de cruceros quedaba un poco lejos de nuestro hotel y la combinación en transporte público no era demasiado buena, así que optamos por ir en taxi. La ida fueron unos 15 euros y la vuelta, unos 20.

Yo pensaba que el barco iba a ser un ferry corriente. Y no. Era un crucero de, al menos, nueve cubiertas (muchas para coches). Era enorme. Tenía zona de restaurantes y bares con música en directo, tiendas, zona para sentarse, zonas al descubierto… Entre explorar un poco el barco y tomar un café, las dos horas de trayecto se nos pasaron en nada.

Desde la terminal de cruceros hasta el centro de Tallin fuimos andando, porque, entre otras cosas, había bastantes carteles indicando cómo llegar y el tiempo que se tardaba (unos 20 minutos).

Una vez en el centro histórico, lo primero que hicimos fue ir a la Oficina de Turismo. Nos atendieron muy amablemente y ¡en español! Nos marcaron una ruta para ver más o menos todas las atracciones principales y también nos recomendaron (porque se lo pedimos) un sitio para comer.

Me pareció una ciudad preciosa, de cuento. Algunas zonas me recordaron un poco a Praga.

El sitio en el que comimos se llamaba Pööbel. Estaba en la parte de fuera de las murallas del casco histórico y, por tanto, no era un sitio demasiado turístico. Comimos muy bien, en una terraza junto a un parque. La comida fue más barata que en Finlandia, más cercana a los precios de España.

Surtido de entrantes. Quesos, paté, lengua y carnes.

Después de comer, seguimos paseando por Tallin, aunque no tengo muchas fotos publicables 😦

Tomamos un café en MaiasMokk. Bien rico pero nada barato.

Y así de curioso era el escaparate de la cafetería, lleno de figuritas de mazapán:

Seguimos paseando hasta llegar al pasaje de Santa Catalina (¡qué bonito!) y la puerta Viru, donde conseguimos encontrar la espada que les había prometido al Ninja-científico y a J. Yo les había dicho que en Tallin les iba a regalar una espada (de juguete). Pensé que como era una ciudad medieval, las tiendas de recuerdos tendrían espadas, como en Toledo, por ejemplo… Pero no, sólo encontramos una tienda con espadas. Los recuerdos típicos de Tallin son las figuras de madera, las cosas de fieltro y de cuero. Todo muy bonito, la verdad.

Aquí los dos con su espada.

De ahí, volvimos andando con calma a la terminal de cruceros para regresar a Helsinki. Cenamos en el barco.

Las bebidas alcohólicas en el barco son mucho más baratas que en Helsinki, así que la gente suele comprar bastante. Gran parte del pasaje del barco salió con una o varias cajas de cerveza. Había gente que hasta llevaba un carrito de la compra. Habíamos leído que esto era así, pero no por ello dejó de sorprendernos.

Creo que fue una excursión muy bonita, pasamos un día muy bueno y nos gustó mucho Tallin. Como dice R., lo suyo sería haber hecho una visita guiada, para conocer y entender mejor la ciudad, pero lo tendríamos que haber planeado con más tiempo.

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