Pasaporte lúdico o diario de viaje para Finlandia

Al Ninja-científico no le gusta mucho escribir (leer le encanta), las cosas como son, así que me vuelvo un poco loca buscando actividades para motivarlo a escribir.

Me gusta la idea de que los niños hagan un pequeño diario de viaje y, a la vez, observen y aprendan algunas cosas sobre el destino que visitan, pero, con mi hijo, la posibilidad de que haga un pequeño diario por su cuenta queda totalmente descartada: solo va a servir para enfadarnos.

Pero yo, madre pesada perseverante donde las haya, quiero que registre algo de los viajes. Y que, de paso, practique un poco la caligrafía, que buena falta le hace. Por eso, si hacemos un viaje corto durante el curso, el Ninja-científico escribe y envía una postal a su clase. Esa actividad le gusta mucho y ya es él mismo el que la pide, porque la postal llega luego casi por sorpresa al cole, la leen y la cuelgan en la pared.

Si hacemos un viaje más largo durante el verano, mandamos una postal a los abuelos, a algún amigo o a nosotros mismos. Y, si puedo, preparo lo que llaman un “pasaporte lúdico”, un cuaderno de viaje un poco personalizado. En esta entrada de Bebé a Mordor explican muy bien en qué consiste el pasaporte lúdico y cómo hacerlo.

En mi caso, más que gamificar el viaje para motivar y entretener, el objetivo es reforzar un poco la escritura, tanto en el aspecto puramente mecánico (caligrafía) como en el de redacción, además de intentar crear el hábito de hacer un pequeño diario de viaje.

A sus ocho años, el Ninja-científico se implica bastante en la preparación de los viajes, le gusta estar al tanto de todo lo que vamos a hacer y visitar. Cuando estamos en algún sitio nuevo, pregunta por lo que está viendo, presta atención a todo y le gusta aprender sobre lo que ve. Vamos, que suele ir bastante motivado, es un buen viajero.

El año pasado, para Londres, preparé unas preguntas muy breves y sencillas, que podéis encontrar aquí.

Este año, para Finlandia, he hecho un cuaderno de viaje más completo y ambicioso. De hecho, creo que me he pasado y ha sido demasiado largo.

Buscando por Internet, en el magnífico recopilatorio de Bebé a Mordor, encontré un par de modelos de pasaportes lúdicos para Finlandia. Pero eran para viajes en invierno, con un escenario y unas actividades totalmente diferentes a las nuestras. Además, casi todos los que he encontrado (para Finlandia o para otros países) los veo para niños más pequeños.

Total, que me lié la manta a la cabeza y preparé un pasaporte lúdico desde cero, adaptado a nuestro viaje y, por supuesto, a los gustos del Ninja-científico: buen lector, poco aficionado a dibujar y colorear, mente inquieta y muy fan de Minecraft, Pokémon, Ninjago, cómics, superhéroes…

Al final del todo os podéis descargar el cuaderno, en pdf. Ahora aquí os cuento cómo lo he organizado, los problemas que me he encontrado y los aciertos que hemos tenido. No hace falta que lo leáis si no os interesa, podéis ir al final del texto directamente.

Por cierto, nuestro plan de viaje lo podéis encontrar en esta entrada.

Organización

  • En lugar de hacerlo en folios a ordenador, lo he acabado haciendo en una libreta de dos rayas a mano. Ya he dicho que quería que mi hijo practicara un poco de caligrafía, y sé que en dos rayas escribe mejor que en folios sin pauta, aunque me haya tocado a mí hacerlo a mano. De paso, practico yo también caligrafía, jajajaja. Al hacerlo a mano en una libreta hemos sacrificado bastante el diseño.
  • El estuche es de Tiger. Me pareció muy práctico y útil.
  • Utilicé bolis de varios colores. Mi idea era hacer un diseño parecido a los libros de Geronimo Stilton, con cambios de letra y un diseño atractivo, pero yo no tengo tanto arte. Me he conformado con cambiar de color de vez en cuando.
  • He usado también separadores adhesivos para cada día.
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Así nos quedó el cuaderno.
  • El pasaporte comienza con una pequeña introducción con la ruta del viaje, algún mapa y algún dato más sobre Finlandia. Le puse algunas frases en finlandés, una sopa de letras con cosas que íbamos a ver (y también con su nombre escondido) y algún problema muy fácil.

Cada día tenía una serie de misiones que completar. La idea era leerlas antes de salir de casa o del hotel y estar atento.

  • Y luego, al final del día, había que responder una serie de preguntas sobre lo que habíamos hecho.

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  • Todos los días también había que marcar el tiempo que hacía. (“Mamá, ¿en serio? ¿Muerte por congelación?”).
  • He intentado que el texto sea ligero, con algunas bromas y cierto toque del humor que creo que le gusta a mi hijo. También he intentado llevarlo a su terreno y meter algunas (pocas) referencias a cosas que le gustan, como Minecraft (perfecto para la mina de amatista) o Pokémon.
  • Por completar el cuaderno, podía ganarse una recompensa. Usé un sistema de puntos, con premios variables según la puntuación. Los premios con la puntuación más baja (un plato de brócoli y un plato de macarrones con tomate) obviamente eran bromas. El sistema de puntuación estaba puesto para que, con poco que se esforzara, se ganara una recompensa de verdad. El premio lo podía elegir él. Sé que mi hijo es poco caprichoso y pediría un Lego pequeñito, un libro, un cómic o algo así, por lo que podía darle libertad. (Al final, pidió un libro de Lechuza Detective).

Problemas (o cosas que no han salido tan bien como yo esperaba)

  • Por mi parte, en cuanto a la elaboración del pasaporte lúdico, el principal problema que he encontrado es la dificultad de poner misiones sin tener muy claro lo que vas a hacer ese día. Por ejemplo, el día que íbamos a visitar a Papá Noel o a las minas de amatista más o menos tenía claro lo que le podía pedir. Pero los días en Helsinki, que no sabíamos muy bien cuál iba a ser el plan, me ha costado bastante definir las misiones. De hecho, confieso que los últimos días lo dejamos prácticamente sin nada.
  • Por parte del Ninja-científico, la principal dificultad ha estado en encontrar el momento para completarlo. Por no ir cargando con el cuaderno, lo rellenaba cuando llegábamos por la tarde a la casa o al hotel. Problema: estaba cansado de todo el día fuera. Normal. Más de un día no hemos encontrado el momento de hacerlo y se nos ha quedado para el día siguiente.
  • Para el día que fuimos al Parque Nacional Oulanka busqué fotos de las plantas típicas de allí y le pedí que marcara si las veía. En la ruta que hicimos nosotros no vimos ni una de esas plantas, no sé si es que no era la época o que están alejadas de los senderos.
  • Una de las misiones que le puse para Tallin era buscar una espada de madera. Le gustan y casi todas las que tenemos las hemos comprado en viajes. Con tanto leer que Tallin era una ciudad medieval, yo pensé que venderían espadas de recuerdo, como, por ejemplo, en Toledo o en Cáceres. ¡Lo que nos costó encontrar la espada! Los recuerdos típicos de Tallin son las figuritas de madera, corcho o cosas de fieltro. Así que si vais a Tallin, os aconsejo que no pongáis como objetivo comprar una espada.
  • En un principio, yo quería enviar también una postal desde Tallin, pero con el poco tiempo que estuvimos allí, lo descarté.

Aciertos

  • Creo que lo de ponerle misiones u objetivos cada día sí que ha estado bien. Le ha gustado y lo seguía con interés.
  • Al final hemos conseguido un mini diario de viaje.
  • La parte del final, con puntos y premios según la puntuación, creo que también ha sido un acierto. Teníais que haber visto su cara con el plato de brócoli.

Conclusión

¿He conseguido que el Ninja-científico complete el pasaporte lúdico? Sí, pero a regañadientes. Dice que le ha gustado, pero le (nos) ha costado ponerse cada día.

¿Lo repetiré para el próximo viaje? No lo sé, la verdad. Supongo que sí, porque creo que es interesante guardar un registro de las cosas que te gustan al viajar, o en general, y con un niño como el mío es más sencillo ir guiándolo que pedirle que haga él un diario desde cero. Pero creo que tendría que plantearlo de otra manera. Lo de tener tarea diaria y ponernos a hacer las preguntas al volver de pasar todo el día fuera ha costado. El año pasado, en Londres, llevaba los folios con preguntas en la mochila y se las daba en los restaurantes mientras traían la cena. Esta vez, por no cargar con el cuaderno todo el día, lo dejábamos en casa.

Aunque, como ya he dicho antes, el planteamiento misiones-preguntas creo que ha sido bueno, exige una planificación y una preparación que no siempre ha sido sencilla.

Para terminar, un ejemplo del pragmatismo y la capacidad de síntesis de mi hijo para explicar el máximo posible con el menor número de palabras. El día de la visita a la mina de amatista. Le di muchas vueltas a la forma de pedirle que describiera el proceso de búsqueda de amatistas, para forzarlo a que diera una respuesta larga. Al final escribí algo así como “¿Qué tienes que hacer para conseguir una amatista?”. Respuesta: Buscarla. Está claro que fallé de manera estrepitosa en mi redacción.

Aquí podéis descargar mi propuesta de pasaporte lúdico:

Pasaporte lúdico Finlandia-completo

Aunque la ruta sea diferente, igual puede serviros de referencia. En rojo están mis comentarios.

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