Una semana en La Rioja

Tengo el blog bastante abandonado, pero es que con esto del coronavirus no estamos haciendo nada especial. Además, el Ninja-científico crece por días y cada vez hay que hacer menos planes adaptados a él, ya prácticamente sigue nuestro ritmo, así que tampoco puedo dar muchas ideas de planes o actividades para niños.

Ya estamos de vuelta de las vacaciones. Nuestro viaje de este año ha consistido en una semana en La Rioja. Tengo muchas ganas de coger un avión e ir al extranjero -me encanta esa sensación de oír un idioma que no es el mío-, pero nos pareció más prudente quedarnos en España. Ya volverán los grandes viajes. O eso espero.

Bueno, como viene siendo habitual, hemos viajado con amigos,  los P. y los H. Once personas en total, 6 adultos, 3 adolescentes (una de 19 y dos de 15) y dos niños, el Ninja-científico, de 10 años, y J., de 9.

Nos hemos quedado en esta casa rural en El Rasillo de Cameros, un pueblecito a unos 45 minutos de Logroño. Nos lo hemos tomado con mucha calma. Esto es lo que hemos hecho:

  • Día 1 – Pantano de El Rasillo: estaba al lado de casa. Fuimos el primer día, porque nos pilló la ola de calor y estábamos a 40 grados, así que la idea de un baño refrescante sonaba bien.

El pantano está bien, tiene buen acceso, parking gratuito, un restaurante (en el que no pudimos comer porque estaba todo reservado) y también se pueden alquilar canoas, tablas de windsurf, etc., aunque eso no lo probamos.

  • Día 2 – Cañón del Río Lobos, El Burgo de Osma y Calatañazor (Soria): calor, mucho calor.

El Cañón del Río Lobos me gustó bastante. Hicimos una pequeña ruta hasta la ermita de San Bartolomé y las cuevas. Impresiona ver tantos buitres.

Luego fuimos a comer a San Leonardo de Yagüe y, después, fuimos a El Burgo de Osma. Agosto, calorazo, domingo y hora de la siesta. La verdad es que no vimos mucho ambiente en El Burgo de Osma. Todo cerrado a cal y canto, claro. Tomamos algo fresquito al lado de la catedral, dimos un pequeño paseo hasta la Plaza Mayor y poco más.

De ahí fuimos a Calatañazor. Me pareció un sitio muy curioso y creo que es donde hemos visto más gente en este viaje.

Fotos: Persianas en El Burgo de Osma, catedral de El Burgo de Osma y ermita de San Bartolomé en el cañón del Río Lobos.

  • Día 3 – Rafting en el río Iregua: lo hicimos con la empresa Moscaventur, en una zona a mitad de camino entre nuestro alojamiento y Logroño.

Como no tengo mucha experiencia en rafting, solo puedo comparar la ruta de este año con la que hicimos el año pasado en el Ebro, en Cantabria. La ruta de este año ha sido más difícil, era de grado III. Tenía varios saltos complicados. Además, el río Iregua tiene menos caudal que el Ebro, así que había más choques con las piedras del fondo y más rápidos. El agua estaba muy fría. La experiencia en general ha sido más dura que la del año pasado. De hecho, más de uno acabó un poco lesionado.

Ahí, atrapados en un rápido.

Una cosa muy chula de la ruta de este año es que paramos en un sitio en el que se formaba una poza natural y había una piedra muy alta para saltar y tirarse. El Ninja-científico nos sorprendió a todos lanzándose de los primeros (en general, es un niño bastante prudente), sin dudar y disfrutando mucho.

Yo también me atreví a saltar, aunque reculé un par de veces. Es que el salto imponía bastante. Luego pensé que iba con casco y chaleco salvavidas, y que había monitores que conocían la zona. Vamos, que no me iba a ver en otra situación más segura para hacer algo así. Y fue todo un subidón.

El Ninja-científico saltando desde la roca.
  • Día 4 – Logroño: llegamos a Logroño a media mañana y, tras dar una vuelta por el centro, acabamos en la calle Laurel. Como éramos muchos, nos dividimos para poder entrar mejor en los bares.

Probamos los famosos champiñones de El Ángel y estuvimos en otro par de bares. Bien, bien. Me gustó ver tanta gente en los bares, casi se le olvidaba a uno la pandemia y todo eso. Había un ambiente agradable y comimos muy bien.

Después de comer, un café y una pequeña compra en el supermercado y a casa.

¡Riquísimos!
  • Día 5 – Haro: visitamos las Bodegas Cvne. Hicimos la visita de una hora. Fue interesante. Luego había una cata de un par de vinos y a los niños les dieron un poco de mosto.
Dos muy concentrados en la visita a la bodega.

Después de esta visita nos dividimos, como el día anterior . Los H. fueron a Vitoria, los P. querían subir a una peña que vimos el día del rafting, y nosotros nos quedamos con nuestros amigos los P.L., que daba la casualidad de que también estaban por Logroño. Con ellos visitamos algunos pueblecitos de los alrededores de Haro. Vimos Briñas, Briones y San Vicente de la Sonsierra. Me parecieron pueblos muy bonitos, pero, la verdad, se veían bastante rápido.

Las vistas desde el castillo de San Vicente de la Sonsierra
  • Día 6 – Monasterios de Suso y Yuso y Ezcaray: el monasterio de Yuso se puede visitar sin necesidad de reservar, algo que sí hay que hacer para ver el de Suso. Más o menos la mitad de la expedición se fue un poco antes para ver el monasterio de Yuso y la otra mitad nos saltamos esa visita y fuimos directos para la visita que habíamos reservado para ver Suso.

Al monasterio de Suso solo se puede subir en autobús oficial y la visita allí dura unos 40 minutos. Sorprendente y bonito. Me gustó.

De ahí fuimos a comer a un sitio cero recomendable y luego fuimos a Ezcaray, que me pareció un sitio precioso. Y con gente, y bares, y tiendas.

Además, hemos visitado los pueblos de alrededor de El Rasillo (Ortigosa y Villanueva) y hemos hecho alguna pequeña ruta por los alrededores.

Lo cierto es que La Rioja me ha sabido a poco. Probablemente sea cosa mía, que últimamente casi todo me parece nada más que regular. Será la crisis de los cuarenta, o la pandemia, o yo qué sé. El año pasado fui a Cantabria con pocas expectativas y lo pasamos genial y nos encantó, y supongo que esperaba algo parecido este año. Hemos visto paisajes y sitios muy bonitos, pero no me ha llenado y me vengo con la sensación de que le falta un puntito de preparación para el turismo. Quizá es la fecha en la que hemos ido, las rutas que hemos planeado o la forma en la que nos hemos organizado, pero hemos visto muy poca gente y pocas cosas que hacer. Muchos sitios cerrados. Por ejemplo, casi no hemos visto tiendas. No es que vayamos buscando tiendas como locos, pero no sé, comprar algún producto típico o algo para llevarle a la familia. Igual en otoño o primavera hay más actividad y más turismo, lo desconozco, pero nosotros hemos estado prácticamente solos en todas partes (menos en Logroño en la calle Laurel y en Calatañazor).

Y con los restaurantes más o menos igual. No puedo decir que hayamos comido mal, pero tampoco nada reseñable, todo muy normalito.

Cantabria, Asturias o el País Vasco me gustaron muchísimo más y me pareció que estaban más preparadas para el turismo y ofrecían una mayor variedad de actividades, incluso en pueblos pequeños.

Por supuesto, cambiar de rutina y pasar unos días con los amigos siempre está bien, así que por esa parte claro que ha merecido la pena el viaje.

Bueno, a ver si este otoño las cosas siguen mejorando y podemos hacer alguna otra escapada.

Las vistas hacia arriba en el pantano de El Rasillo.

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